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INSECTO CIEGO GUIADO POR UN NIÑO
Autor: Ziad khadash
Traductora: Andrea Alonso Padró


En el muro de la calle que va en dirección al parque de Ramala, frente a un pequeño hotel al lado de un café juvenil de nombre raro, siempre que lo pronuncio ante alguien se ríen de mí, me siento durante un par de horas, sin hacer nada más que estar sentado, descansando del camino de subida, recreándome con la imagen de los niños pobres vendedores de chicles corriendo alrededor de los y las jóvenes más afortunados, viniendo del café popular al que suelo ir huyendo de una pesadilla que acecha continuamente mi alma. Allí me había sentado en un rincón, solo, escondido tras una de las sillas, rodeado de viejos que juegan a cartas absortos hasta la última de sus arrugas, extremos y temores en los números y los naipes, insultándose unos a otros con curiosa seriedad y riéndose absurdamente. Y solo como yo, en otro rincón, estaba sentado un hombre de unos setenta u ochenta años, parpadeando continuamente, de baja estatura, con el cinturón de su pantalón por encima de la cintura, precedido por su vientre caminaba como si llorara, se reprochara algo o se disculpara. De rostro sombrío e insólito, sus ojos eran dos cavernas vacías y cerradas con piedra, espino y barro. Supe que se llama Abu Elias. Nadie le hablaba, sentado en el extremo de la mesa, saludando sin que nadie le escuche, sumándose al juego de cartas con ojos asustados, intentando golpear con su hombro el de uno de los jugadores ancianos, como para que se percatara de su presencia o intentara que se disculpara con él, sin que el otro hombro se enterara, yéndose unos minutos, regresando tras unos minutos, girando alrededor de la mesa, mirando uno a uno fijamente a la cara sin que nadie le vea, hasta el camarero le ignoraba sin preguntarle qué traérle de beber.
Sentado solo junto al muro, detrás de mí hay una finca sombría llena de árboles, frente a mí ese café juvenil de nombre raro. Percibo un aire enfermizo, reúno imágenes desperdigadas de recuerdos rotos. Hoy es mi cumpleaños, hoy cumplo cuarenta años, no lo hubiera recordado si no fuera porque he escuchado a un transeúnte decirle a otro que hoy es 28 de junio. He sonreído, ¡cuántos cumpleaños han pasado sin saberlo!. He sentido el deseo de reir como un loco, no lo he hecho, me he refugiado en el silencio, o el silencio se ha refugiado en mí, el silencio se ha convertido en mi refugio y mi guitarra, y si hablara me oiría el guardián y la pesadilla atacaría de nuevo. El calor de hoy es rompedor y salvaje, ni un soplo de aire en el ambiente, todo está parado, miro detrás de mí a través de los árboles oscuros y siento que miro la escultura de un árbol tallado en piedra. Al lado del café hay un hotel grande con hermosos balcones. Una mujer con un camisón azul sale de su habitación, se apoya en el borde del balcón, bosteza, extiende los brazos, traslada la mirada aquí y allá, de repente ve su pelo volar, lo sujeta y lo recoge en su mano, sonríe al viento, ¡oh Dios! ¿de dónde viene al aire? ¿por qué la señala solo a ella con su soplo?. Ven un poco hacia mí, oh aire, ¿o acaso no me ves? Soy el ser de la camisa mojada, el que está sentado en la acera, ponme a prueba un minuto y no vuelvas, un solo minuto. Me ahogo con la quietud, la profundidad y la inmovilidad de las cosas, el aire no viene. Mientras la mujer sigue recogiéndo sus mechones, veo su boca moverse, ¿acaso estaba agradeciendo al aire o cantándole?¿O intentaba hacer el amor con él?.
De repente le ví. Iba caminando con paso firme por la otra acera, en dirección al café, ¡por Dios! ahora es ciego, su hijo le coge de la mano, el desagradable guardián de la universidad de la que me expulsaron en mi primer año. Allá dónde iba: “El carné universitario, por favor”. Le miro extrañado, se lo doy, lo mira, me lo devuelve dudando, pero me persigue por todos los rincones de la universidad, me observa, me pide el carné otra vez: “El carné, por favor”. Y se lo doy a punto de reirme. Corpulento y de mirada ruda, la administración de la universidad estaba orgulloso de él porque podía descubrir infiltrados de las fuerzas especiales israelíes. Ese vigilante me estuvo observando durante meses, le veía mirarme a hurtadillas desde la ventana del aula, y a veces había entrado a los baños y había sido vecino mío mientras orinaba o defecaba, en la cafetería comía a mi lado, y se acercaba a mi rostro: “El carné, por favor”. Paraba de comer y derramaba el té sobre mis pantalones, le daba el carné, lo contemplaba como si fuera la primera vez, me lo entregaba a la fuerza y se iba mirando hacia atrás. Ese vigilante me dejaba con miedo, ¿qué quería de mí?¿por qué precisamente yo?. Empezó a acecharme en mis sueños, gritando en mi pecho: “El carné, el carné, el carné”. Me despertaba aterrorizado y corría hacia el carné, lo sacaba de mi camisa y lo ponía bajo la almohada para dárselo cuando volviera, ¿acaso sospechaba que fuera, por ejemplo, de las fuerzas especiales?. Pero yo siempre le mostraba mi carné y era completamente legítimo, mis amigos eran testigos de ello, y la administración de la universidad con su claro sello. Una vez el vigilante me persiguió hasta el aparcamiento, lejos de los límites de la unviersidad, allí le asalté, le agarré del cuello y casi le estrangulo gritando: “¿Por qué me persigues?¿Qué quieres de mí?”. Sólo pronunció tres palabras: “Vigilante, soy un vigilante, vigilante”, mirando extrañado mi ropa poco elegante, relajé mi puños en su cuello, no sé por qué aquel hombre poseía una gran capacidad para intimidarme.
Después dejé la universidad huyendo de aquella pesadilla, fui a otra universidad en otra población. En unas vacaciones de verano estaba sentado solo en un café bebiendo té, allí, en un lugar extraño, le ví sentado frente a mí mirándome fijamente, había envejecido, su espalda se había encorbado un poco, pero su mirada era la misma, vi su boca moverse, le oí decir con el mismo escepticismo y seguridad cruel: “El carné, por favor”. Me ví a mí mismo huyendo, entre los callejones del pueblo pequeño y sus muchas calles. Me gradué en la universidad y volví a mi pueblo, hice de profesor, todavía lo hago, y olvidé el tema del vigilante, o imaginé que lo había olvidado.
Estaba en la clase cuando mi director llamó a la puerta, me entregó un invitación para asistir a una fiesta en homenaje a Edward Said en la misma universidad de la que había huido. En la entrada de la universidad, estaba entrando elegante y contento, y escuché una voz que me decía: “Señor, me permite el carné, por favor”. Por Dios, era el mismo vigilante raro. Me quedé paralizado en mi sitio, no podía pronunciar una palabra. El mismo rostro rígido y los mismos ojos fríos. Me oí a mí mismo decir:“Soy un invitado aquí, señor, vine para asistir al homenaje a Edward Said, me iré directamente después del homenaje”. El vigilante sonrió, por primera vez le ví sonreir, en ese momento casi creí que iba a gritarme lleno de orgullo y alegría: “¡Es la cámara oculta! Perdónanos hijo, te daremos una indemnización”, y miré a mi alrededor temiendo una avalancha de periodistas, espectadores y gente, no ví a nadie.
Escuché al vigilante decir: “El homenaje a Edward Said es el próximo martes, hijo, no hoy”.
Me encogí de hombros mientras él miraba mi ropa fijamente y sacudía la cabeza. Salí al mundo como otra persona, una persona que cree con fuerza que es víctima de la conspiración infernal por parte de un sector oculto, desde ese momento mi vida cambió, cuando se pronuncia la palabra carné ante mí me alcanza el pánico y huyo. Mi director se sorprendió cuando grité en su cara, amenazante y negándome, cuando me pedía rellenar los carnés de los estudiantes. Una noche me deslicé en el armario de mi madre y destruí el carné de abastecimiento, mi madre enloquecío y me lanzó sillas y cucharas gritando que Dios me llevara con él.
Ahora estaba delante de mí, completamente ciego, caminando lentamente, grotesco como si fuera un insecto guiado por su hijo pequeño, qué escena más hermosa. Ahora cesaba mi pesadilla, me curaría de mi fobia al carné, a partir de ahora no agarraría con ambas manos los billetes en el aeropuerto, no escondería mis carnés de identidad y profesionales en el bolsillo especial que había hecho en mi pantalón dentro del propio bolsillo, no temblaría de miedo mientras estuviera de pie en la larga cola para ver una película con la invitación en la mano, mientras las personas que hay delante y detrás de mí ríen y bromean, no huiría cuando perdiera la invitación a una conferencia o festival o una película o reunión temiendo a los vigilantes apostados a las puertas de las salas, a la entrada de las ciudades, tras los muros, mientras me paro ante una barrera israelí con decenas de gente parada, esperando mi turno para la inspección, no temblarían mis rodillas ni castañearían mis dientes, ya que el insecto había perdido su vista, a partir de ahora no me vería, no me perseguiría, soy libre, libre y ligero.
Deseé con fuerza reír y bailar, esta vez no iba a ocultar mi deseo. El calor se ha ido y ha llegado el aire en abundancia, se ha secado todo el sudor en el que nadaba. Bailaré, cantaré y reiré en voz alta, aquí me teneís bailando, bailando, no me preocuparé del mundo extraño ni me asustarán los rostros extraños, ensombrecidos y alargados de los coches, tengo mis propios motivos provocadores de una felicidad loca, oh, asiduos al magnífico café delante de mí, mirar a este loco que baila, mirar y reíros, la gente se amontona a mi alrededor, el insecto ciego se aleja, lo veo desaparecer poco a poco en la aglomeración de coches y gente y la aspereza de mi voz, asómate a mí, oh, mujer del viento, mira mi belleza mientras bailo y canto la canción del insecto ciego que huye.
De repente y en medio del fragor de mi alma y el estrépito de mi cuerpo, noté una mano fuerte que me sacudía por el hombro y gritaba: “El carné, por favor”.



ZIAD KHADASH


Ziad m khadash's Blog

זיאד

Posted on July 1, 2009 at 6:14pm 0 Comments

זיאד

וכאילו איש שלישי נתקע בינינו..

/זיאד כתאש

מערבית: עאידה נסראללה





דפיקה בדלת. הרמתי את ראשי, מנומנם, היא נכנסת בשקט, את פניה לא ראיתי, ידעתי שזו היא. הרכנתי את ראשי בלבביות. חייכתי, או כך נדמה לי. לא משוכנע אם היה זה חיוך או אולי פתחתי את פי בגלל זבוב ששוטט על שפתיי.

קול צעדיה נשמעו בכוון המטבח, היא מכינה את הקפה. סיכמנו בינינו שלא נחליף מילה בשם נושא, לא נפתח טלוויזיה, לא נשמע מוסיקה, לא נענה על שיחות טלפון, גם לא נשמח, לא נשאל שאלות ולא נפתח את הדלת… Continue

Comment Wall (4 comments)

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At 8:22pm on July 1, 2009, srour abedel rahman said…
برحب فيك وبتشرف بمعرفتك وبتمنى ارى شي من كتاباتك......... مرة ثانية برحب فيك
At 4:29pm on June 17, 2009, ziad m khadash said…
حبييي محسن
مشكلتي مش كسل\
انا متخلف انترنتيا
بحاول افهم شو بصير وكيف ابعت رسائل
هذا عالم كبيرررر
At 8:53pm on June 14, 2009, Mahmoud Abu-Laban said…


مرحبا زياد!

أهلا بك في منبر صانعي السلام , أتمنى أن تشاركنا في أي فكرة أو تعليق تساعد في أعادة الأمل في السلام .

مع خالص الشكر و الاحترام لك .
محمود
At 2:25pm on June 14, 2009, Neri Bar-On said…
 
 
 

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